
Introducción
La calidad física del alimento constituye un factor determinante para que los pollos de engorde expresen su potencial genético de crecimiento y eficiencia alimenticia. La pelletización aglomera las partículas de la dieta mediante la aplicación de humedad, calor y presión, generando una presentación más densa, uniforme y fácil de consumir que el alimento en harina (Abdollahi et al., 2013; Cutlip et al., 2008; Massuquetto et al., 2018). Los pellets reducen la selección de ingredientes, el desperdicio y el tiempo dedicado a la alimentación, por lo que una mayor proporción de la energía ingerida puede destinarse al crecimiento corporal (Svihus et al., 2004; Dozier et al., 2010; Lilly et al., 2011). Sin embargo, estos beneficios dependen de la durabilidad, dureza, tamaño y proporción de pellets intactos que llegan al comedero. La generación de finos durante el transporte y la distribución puede disminuir el consumo, limitar la ganancia de peso y deteriorar la conversión alimenticia (Corzo et al., 2011; Glover et al., 2016; Parsons et al., 2006). Por ello, optimizar la calidad del pellet representa una estrategia nutricional, productiva y económica fundamental en la producción de pollos de engorde.
1. Concepto y características de un pellet de buena calidad
La calidad del pellet se define como su capacidad para conservar la integridad física desde la salida de la peletizadora hasta el momento en que es consumido por el pollo. Por tanto, debe resistir las fuerzas mecánicas generadas durante el enfriamiento, almacenamiento, transporte, descarga en los silos y distribución a través de las líneas de alimentación, evitando su ruptura y la formación excesiva de finos (Abdollahi et al., 2013; Cutlip et al., 2008; Lilly et al., 2011).
Entre los principales indicadores se encuentra el índice de durabilidad del pellet o PDI, que expresa el porcentaje de pellets que permanecen intactos después de someterlos a una prueba de manipulación mecánica. También deben evaluarse el porcentaje de finos, la dureza, el diámetro, la longitud, la uniformidad y la densidad aparente del alimento (Abadi et al., 2019; Cutlip et al., 2008; Glover et al., 2016). Sin embargo, un pellet de buena calidad no es simplemente aquel que presenta mayor dureza. Debe ser suficientemente resistente para soportar el manejo, pero también fácil de fragmentar, aprehender y consumir. Además, su diámetro y longitud deben adaptarse a la edad y capacidad de ingestión del ave, ya que pellets excesivamente largos, grandes o duros pueden limitar el consumo, especialmente durante las primeras fases de producción (Abdollahi et al., 2013; Parsons et al., 2006; Rubio et al., 2013).
Imagen 1. Comparación de la calidad física del pellet según el contenido de finos.

2. Factores que determinan la calidad del pellet
La calidad del pellet depende parcialmente de la formulación de la dieta. La naturaleza de las materias primas, el contenido de almidón, proteína y fibra, así como la concentración de minerales, influyen en la capacidad de las partículas para aglomerarse. El nivel de grasa es especialmente relevante, ya que inclusiones elevadas antes del pelletizado pueden disminuir la fricción dentro de la matriz y reducir la durabilidad del pellet. Asimismo, la humedad de la mezcla y el empleo de aglutinantes pueden modificar favorablemente su resistencia mecánica (Abdollahi et al., 2013; Abadi et al., 2019; Gehring et al., 2011).
El segundo y principal factor que afecta la calidad de pelet es el procesamiento. Durante el procesamiento, factores como el tamaño de partícula, la calidad del vapor, la temperatura y tiempo de acondicionamiento, la humedad, la relación de compresión y el estado de la matriz y los rodillos determinan la compactación del alimento. Un acondicionamiento adecuado favorece la formación de pellets resistentes; sin embargo, temperaturas excesivas pueden afectar negativamente la utilización de nutrientes. La velocidad de producción y un enfriamiento eficiente también son fundamentales para estabilizar el pellet antes de su almacenamiento (Massuquetto et al., 2018; Evans et al., 2021; Perera et al., 2021).
Finalmente, la calidad puede deteriorarse después de la fabricación debido al transporte, las caídas sucesivas, la descarga en silos y los sistemas de distribución, aumentando la generación de finos. Por ello, la calidad observada en fábrica no necesariamente representa la que recibe el ave en el comedero, lo que justifica evaluar la integridad del pellet a lo largo de toda la cadena de alimentación (Abdollahi et al., 2013; Parsons et al., 2006).
Tabla 1. Índice de Durabilidad del Pellet (PDI) y porcentaje de finos de dietas peletizadas sometidas a diferentes temperaturas de acondicionamiento.

1. Los valores corresponden a las medias de mínimos cuadrados obtenidas a partir de cinco sacos de alimento por tratamiento.
2. El Índice de Durabilidad del Pellet (PDI, Pellet Durability Index)
3. El porcentaje de finos se calculó dividiendo el peso de la fracción fina entre el peso inicial de la muestra y multiplicando el resultado por 100:
4. SEM (Standard Error of the Mean) corresponde al error estándar de la media asociado a las temperaturas de acondicionamiento.
Fuente: Adaptado de Rueda et al. (2022).
3. Influencia del pellet sobre el comportamiento alimentario
El consumo de alimento en el pollo de engorde está condicionado, en gran medida, por su capacidad física de ingestión y por las características de las partículas ofrecidas. El alimento peletizado facilita la aprehensión y deglución, permite ingerir una mayor cantidad de nutrientes por picoteo y reduce el tiempo dedicado a comer, disminuyendo así el gasto energético asociado con la actividad alimentaria (Abdollahi et al., 2013; Abdollahi et al., 2018).
En comparación, el alimento en harina requiere mayor tiempo de consumo y favorece la selección de partículas, mientras que la migaja facilita la ingestión en aves jóvenes. El pellet entero, cuando presenta dimensiones adecuadas, permite un consumo más rápido y eficiente; sin embargo, su fragmentación y generación de finos reduce estas ventajas, debido a que las aves prefieren partículas de mayor tamaño y pueden dedicar más tiempo a seleccionar el alimento (Dozier et al., 2010; Lilly et al., 2011; Svihus et al., 2024). En consecuencia, conservar la estructura del pellet hasta el comedero favorece un mayor consumo en menor tiempo y puede reducir el desperdicio y el costo energético de la alimentación.
4. Efecto sobre la eficiencia productiva del pollo de engorde
La calidad física del pellet influye directamente sobre el consumo y la eficiencia productiva del pollo de engorde. Los pellets uniformes y de tamaño adecuado facilitan la aprehensión del alimento y favorecen una mayor ingestión, mientras que una elevada proporción de partículas finas puede reducir el consumo. Los pollos muestran preferencia por partículas de mayor tamaño y fácilmente manipulables, aunque su capacidad de adaptación depende de la edad y de la distribución granulométrica del alimento (Svihus et al., 2024; Lemons & Moritz, 2016).
Un mayor consumo de nutrientes puede incrementar la ganancia de peso, particularmente durante las fases de crecimiento y finalización. Además, el pellet reduce el tiempo y la actividad física asociados con la alimentación, permitiendo destinar una mayor proporción de la energía ingerida al crecimiento. Estudios comparativos han demostrado que las dietas pelletizadas o en forma de migaja-pellet pueden mejorar el peso corporal y el desempeño respecto a dietas en harina (Lv et al., 2015; Rueda et al., 2024).
La conversión alimenticia también puede mejorar cuando existe una elevada proporción de pellets íntegros, debido a un menor desperdicio, menor selección de partículas, consumo más uniforme y menor gasto energético durante la ingestión. Lemons y Moritz (2016) observaron que una mayor relación pellet-finos incrementó la ganancia de peso y redujo el índice de conversión alimenticia. Sin embargo, el efecto no es estrictamente lineal y depende del tamaño de los finos y de las condiciones de alimentación, ya que niveles moderados pueden ser tolerados sin comprometer el desempeño (Svihus et al., 2024; Burin Junior et al., 2019).
En conjunto, una calidad física adecuada puede favorecer mayor uniformidad del lote, peso final y eficiencia alimenticia, variables que contribuyen al índice de eficiencia productiva. Por tanto, la respuesta del pollo depende no solo del valor nutricional formulado, sino también de que el pellet conserve una estructura que permita entregar esos nutrientes eficientemente hasta el comedero.
Figura 1. Índice de conversión alimenticia (ICA) de pollos de engorde de 1 a 21 días de edad alimentados con dietas en harina o dietas peletizadas/migajadas sometidas a diferentes temperaturas de acondicionamiento.

Fuente: Adaptado de Rueda et al. (2022).
5. Consecuencias de un alto porcentaje de finos
Los finos corresponden a partículas desprendidas o fragmentos generados por la ruptura del pellet durante su fabricación y manejo. Su formación aumenta cuando la durabilidad es baja y puede agravarse por condiciones inadecuadas de humedad y enfriamiento, así como por el transporte, múltiples caídas o transferencias y sistemas de distribución que someten al alimento a esfuerzos mecánicos excesivos (Abdollahi et al., 2013; You et al., 2025).
Una elevada proporción de finos puede disminuir las ventajas productivas del alimento peletizado. Los pollos prefieren consumir partículas más grandes, por lo que un alimento con abundantes finos aumenta el tiempo dedicado a comer y favorece la selección de partículas. Esto puede generar acumulación de material fino en los comederos, menor consumo efectivo, mayor desperdicio y reducción de la ganancia de peso. Diversos estudios han relacionado una mayor proporción de pellets intactos con mejores resultados de crecimiento y eficiencia alimenticia, aunque la magnitud de la respuesta depende de la edad y de las condiciones de alimentación (Lilly et al., 2011; Lemons & Moritz, 2016; Burin Junior et al., 2019; Glover et al., 2016). Por ello, el porcentaje de finos debe evaluarse especialmente en el comedero, donde se determina la calidad física realmente disponible para el ave.
6. Equilibrio entre calidad física y calidad nutricional
Mejorar la durabilidad del pellet no debe comprometer el valor nutricional de la dieta. Un acondicionamiento adecuado con humedad y temperatura favorece la aglomeración de partículas, disminuye su segregación y puede producir una gelatinización parcial del almidón, además de contribuir a reducir la carga microbiana del alimento (Abdollahi et al., 2013; Netto et al., 2019).
Sin embargo, un procesamiento térmico excesivo puede afectar nutrientes sensibles al calor. Temperaturas y tiempos de retención elevados pueden disminuir la estabilidad de algunas vitaminas y enzimas, modificar la digestibilidad de proteínas y favorecer reacciones de Maillard entre azúcares reductores y grupos amino, siendo la lisina uno de los aminoácidos más susceptibles a perder disponibilidad (dos Santos et al., 2020; Barua et al., 2020). Asimismo, condiciones intensas de extrusión o pelletizado pueden reducir la digestibilidad de aminoácidos y generar pellets excesivamente duros (Kim et al., 2018; Perera et al., 2021). Por ello, el objetivo tecnológico debe ser alcanzar suficiente resistencia física sin sobreprocesar el alimento, conservando simultáneamente su facilidad de consumo y disponibilidad nutricional.
7. Estrategias para mejorar la calidad del pellet
La mejora de la calidad del pellet requiere intervenir desde la formulación hasta el comedero. En la formulación, debe controlarse la cantidad de grasa incorporada antes del peletizado, ya que niveles elevados pueden reducir la fricción y disminuir la durabilidad. También es importante mantener una granulometría equilibrada, ajustar la humedad y seleccionar ingredientes con buena capacidad de aglomeración; cuando sea necesario, pueden emplearse aglutinantes para aumentar el PDI y la resistencia mecánica (Abadi et al., 2019; Lamichhane et al., 2015).
En planta, la calidad del vapor, la temperatura y el tiempo de acondicionamiento deben optimizarse, evitando condiciones extremas. Un acondicionamiento adecuado mejora el PDI y la dureza, pero temperaturas o tiempos excesivos pueden perjudicar el aprovechamiento nutricional. Asimismo, deben mantenerse en buen estado la matriz y los rodillos, controlar la velocidad de producción, asegurar un enfriamiento uniforme y recircular los finos cuando sea necesario (Cutlip et al., 2008; Massuquetto et al., 2018; Netto et al., 2019; dos Santos et al., 2020).
Finalmente, deben reducirse caídas y transferencias durante el transporte y revisar silos, sinfines, cadenas y líneas de distribución. El seguimiento debe incluir PDI, porcentaje de finos en planta y comedero, consumo, peso corporal y conversión alimenticia, porque la calidad física final que recibe el ave determina buena parte de la respuesta productiva (You et al., 2025; McCafferty et al., 2024).
8. Impacto económico
Elpeletizado incrementa el costo de fabricación del alimento debido al consumo adicional de energía, vapor y capacidad de procesamiento (Dozier et al., 2010). Sin embargo, una adecuada calidad del pellet puede compensar este costo mediante mejoras en la conversión alimenticia, el peso final y el aprovechamiento del alimento. Los pollos que consumen pellets de mayor calidad pueden alcanzar mayor peso de canal y utilizar el alimento de manera más eficiente, generando ventajas económicas incluso cuando aumenta el costo de fabricación (Lilly et al., 2011). Además, reducir pérdidas por finos y desperdicio puede mejorar el costo por kilogramo de pollo producido y favorecer un uso más eficiente de la capacidad instalada (Glover et al., 2016; Abdollahi et al., 2013). Por ello, la calidad del pellet debe valorarse por su retorno económico integral y no únicamente por el costo por tonelada fabricada.
9. Conclusiones
La calidad física del pellet influye directamente sobre el consumo de alimento y el desempeño productivo del pollo de engorde. Un pellet durable, uniforme, de dimensiones apropiadas y con una baja proporción de finos facilita la ingestión, favorece la ganancia de peso y puede mejorar la conversión alimenticia (Abdollahi et al., 2013; Glover et al., 2016; Lilly et al., 2011). Sin embargo, estos beneficios dependen de conservar su integridad desde la planta de alimentos hasta el comedero, ya que la generación excesiva de finos durante el transporte y la distribución reduce las ventajas del pelletizado (Lemons & Moritz, 2016). Asimismo, el acondicionamiento térmico debe equilibrar la durabilidad con la conservación del valor nutricional, evitando un procesamiento excesivo que afecte la utilización de nutrientes (Perera et al., 2021). Por ello, optimizar la calidad requiere integrar formulación, fabricación, transporte y manejo en granja. En consecuencia, la calidad del pellet constituye una herramienta productiva y económica que permite aprovechar mejor los nutrientes de la dieta y el potencial genético del pollo de engorde.
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